30.3.08

Anton Chigurgh

¿Me recordáis?



Aquel joven declaró a la policía. ¡Maldito bastardo! Debería haberle matado (a él y a su amigo) y haberme ido montado en su bicicleta. La moneda cayó por el lado equivocado. Me han hecho un retrato robot. Ese decrépito sherrif Bell...





Su coche patrulla estaba aparcado junto a la comisaría. Pedí habitación en el motel más cercano. Los golpes contra la pared no llamaron la atención de ninguno de los otros huéspedes. El brazo enseguida quedó colocado en su lugar habitual. No pude dormir. Esperé sentado sobre la cama. En cuanto amaneció, salí. En el pasillo no había nadie.


Una ridícula figura dorada decoraba la desatendida recepción. La cogí antes de salir. Avancé hacia la comisaría. Su coche seguía allí. No me costó abrirlo. En el asiento del copiloto había un juego de esos de niños (¡estos policías, mejor si se dedicarán a atrapar a los malos!). Hice un rápido dibujo con él y lo volví a dejar donde estaba. Después, me recosté en el asiento trasero, a esperar... con aquella figura dorada en mis manos.



Después de un rato, un hombre con un mono azul se acercó y abrió el coche. Se sentó rápidamente e intento arrancar el coche. No lo logró. Accionó la palanca para abrir la tapa del motor y entonces...se fijó en el dibujo. Cogió aquel artilugio y lo miró más de cerca.En ese momento, me incorporé y rodeando su cuello con los brazos, lo estrángulé con esa figurita.

Enseguida dejó de patalear y la bocina de sonar...en cuanto no tuvo fuerzas para seguir apretándola. Salí corriendo del coche. Los demás, no tardarían en salir de la comisaría. Encontraían muerto al mecánico y aquel juguete. Esta vez, yo mismo les había dejado un retrato robot. Y encima sabrían que yo era el asesino del aire comprimido del que tanto hablaban los periódicos. Me echarían encima también esas muertes.


Mi retrato empezará a verse en todas partes: primero en las comisarías y en los informativos de la noche: "¿Reconocen a este hombre? Quizá se trate del mayor asesino de la historia (todos los que salen en los informativos son los mayores asesinos de la historia). Así que si le ven, es mejor mantenerse alejado de él y avisar a la policía..." dirá el presentador encerrado en el estudio. Todos los degenerados cazarecompensas tendrán una foto mía en su cartera. Después, pasaré a formar parte del ranking de los bandidos más célebres de los Estados Unidos, pugnando con Billy el niño o Harvey Oswald por el primer puesto, y, finalmente, venderán mi cara, en formato pop-art, como souvenir en las gasolineras.


No quedaba remedio. Debía cambiar mi imagen. El barbero no dejó de hablar en ningún momento. Me contó que habían asesinado a Tom, el mecánico de la comisaría, que era una gran persona, que tenía mujer y tres hijos y que siempre se cortaba el pelo en ese mismo lugar. Le había dicho Jimmy que el sheriff Bell le había contado que lo había matado el asesino del aire comprimido y que seguramente se escondió en el coche para matarlo a él, que lleva mucho tiempo detrás de él por varios asesinatos, y que Tom tuvo sólo mala suerte. El sheriff, según mi parlanchín amigo, tambien era un gran tipo y también se cortaba el pelo allí.
Cuando acabó de hablar me dejó el espejo para que mirara a ver si todo estaba correcto. Le dije que me arreglará mejor el lado derecho y, en ese momento, rompí el espejo en pedazos sobre su cara. Cogí uno de los trozos y le rebané el cuello. Ahora podrían llamarme también el asesino del espejo o, quizá Sweeney Todd



Cuando me acerqué, el sheriff Bell ni siquiera me reconoció. Estaba en su despacho de la comisaría, con fotos mías esparramadas sobre ella, trabajando. Yo llevaba aquella figurita dorada bajo la chaqueta como si se tratara de una recortada. Me preguntó si podía ayudarme en algo. Me senté enfrente suya y le mostré la figura...

No es país para viejos (No country for old men)